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  Cod.0869   por Lic. María Emilia Novoa - Psicóloga - M.N. 63.107 - M.P. 62.569

Divorcio y reconfiguraciones familiares

Pareciera que los matrimonios duran cada vez menos tiempo y resulta cotidiano ver padres que se separan con hijos pequeños en común. Resulta significativo, entonces, remarcar el hecho de que la ruptura de una unión de pareja no presupone la disolución de una familia y que lo que surge tras un divorcio es la aparición de una nueva disposición familiar. Un paso desde la familiar nuclear, a tener dos núcleos representados uno por la casa de la mamá y otro por la casa del papá. Este tipo de configuración, conocida como familia binuclear, requiere necesariamente que ambos padres cumplan conjuntamente las funciones de crianza. Una parte sustancial de este rol paterno que ambos deben ejercer por igual, implica tener presente que el  divorcio es siempre para los hijos una experiencia diferente: su reacción (tristeza, ansiedad, angustia, bronca, etc.), el grado de sufrimiento, los modos de interiorizar y, eventualmente, de superar la separación de los padres, no es algo que pueda generalizarse. Siempre va a depender de diversos factores: edad, las explicaciones recibidas, la continuidad de la relación con ambos progenitores, acuerdos o desacuerdos entre los padres, grado de hostilidad entre los mismos, intervención de otros adultos o sistemas, etc. 
Pero a pesar de esto, hay (al menos) dos cosas que al separarse los padres con hijos en común deberían conocer: la primera es la importancia de que ambos propicien un buen canal de diálogo con sus hijos, que los escuchen para que estos puedan desahogarse y la segunda, es que para ayudar a sus hijos deben estar en conocimiento de algunas cuestiones esenciales. La vida de los niños, su entorno de seguridad, cambia tras la separación de tal manera que es normal que afloren diversos sentimientos como la tristeza, la bronca, etc., en mayor o menor intensidad y que estas emociones pueden conducir a regresiones en sus comportamientos: bajo rendimiento en el colegio, problemas de sueño o alimentación, el deseo de que ambos padres vuelvan a unirse como pareja y la frustración que genera que esto nunca se materialice, etc. Si al pasar un tiempo prudencial, notamos que el comportamiento de nuestro hijo se enquista, lo recomendable siempre es pedir ayuda a un profesional.
 
Lic. María Emilia Novoa
Psicóloga
M.N. 63.107 - M.P. 62.569


   
 
 
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